SOBRE LA TRASCENDENCIA


La trascendencia se encuentra en uno mismo. Es una cualidad del Ser, una instauración de la Presencia, como la llaman los espirituales. La Presencia puede llegar a ser, en nosotros, la que percibe, entiende y actúa.

Es un estado sin mente (o con mente suspendida), de entendimiento profundo e inmediato. Un estado que no tolera interferencias mentales o emocionales. En cuanto se manifiesta el ser ordinario, con sus preocupaciones, inquietudes, y simplemente con sus pensamientos del día a día, la Presencia se disuelve. La hemos perdido. Volverá cuando se reúnan las condiciones necesarias: paz interior, SILENCIO interior. Igual que una flor se abre a la llegada del primer rayo de sol, la Presencia irrumpe cuando el ser ordinario le deja sitio.

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Ahora bien, hablamos de parar la mente. O de tenerla suspendida. Vamos a estudiar la forma de conseguirlo. Hay dos aspectos, vertical y horizontal.

Con verticalidad, me refiero a la práctica espiritual: meditación, tai chi, chi kun, la oración, los cantos sagrados, yogas.

Luego viene el trabajo horizontal, la depuración interna, el repaso de la historia personal (tradiciones toltecas, véase Carlos Castaneda, y también Cristianismo primitivo, entre otros), el trabajo con la sombra, la transmutación alquimista del plomo en oro.

Ya sabemos que somos seres con memorias. Albergamos multitud de programas, patrones y creencias acerca de nosotros mismos, de los demás y del mundo, positivas y negativas. Que sean positivas no quiere decir que sean objetivas, aunque mejor base son para tener una vida feliz, obviamente…

Toda esa información es, en mayor parte, INCONSCIENTE, y a la vez disponemos de mecanismos de defensa que nos protegen de las experiencias dolorosas y constituyen una fuerza inhibidora. Por eso mismo ciertos recuerdos son tan inaccesibles, aunque NO DEJAN de actuar en nuestra percepción y nuestra VALORACIÓN de las cosas.

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El inconsciente es un depósito emocional, que interfiere y nos aleja de nuestra amada Presencia, que tanto anhelamos, los espirituales, alcanzar. Por este motivo es preciso trabajar y desarrollar la ATENCIÓN. Estar atento para buscar conocerse a sí mismo. Conocer nuestros mecanismos, para saber por donde es más fácil perderse, desconectar, y entrar en el ego, en la parte oscura del yo. No es fácil detectarla; es fácil con lo más obvio, pero el ego tiene muchos mecanismos muy sutiles (huida, manipulación, ocultamiento, juicio…).

Se hace pues evidente la importancia y necesidad de la DEPURACIÓN. “Conócete a ti mismo, y conocerás los Dioses y el Universo”. La entrega del yo pequeño al yo superior, el sacrificio en el altar sagrado de la transmutación para el progreso espiritual, el despertar del Ser, la Presencia Divina en el interior del ser humano, y hacer realidad la frase de Hermes Trimegiste, “lo que está arriba es igual que lo que está abajo”, reunir cielo y tierra, espiritualizar la materia y materializar el espíritu. El tesoro más valioso.

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