LAS PRUEBAS INICIÁTICAS EN EL CAMINO ESPIRITUAL

Todas las tradiciones tienen sus trabajos intensivos, cuyo objetivo es el asentamiento y fortalecimiento de la “Presencia”, Ser espiritual o yo superior. Esos trabajos, ayunos prolongados, aislamiento, privación sensorial suelen llevar al discípulo a sus propios límites. En ese momento surge la posibilidad de trascender la persona (el término persona proviene del latín persōna (‘máscara del actor’, ‘personaje’). La persona, el carácter, la personalidad son aspectos que han de transmutarse en el altar espiritual (es la muerte psicológica e iniciática, proceso de muerte y renacimiento).

La personalidad es transitoria, el Ser no lo es, recuperarlo es abrir las puertas a nuestra dimensión Divina, en definitiva a nuestra verdadera dimensión.

Las pruebas son el paso necesario para romper el cascarón de huevo que nos envuelve (las creencias erróneas y limitantes que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, a partir de nuestra experiencia de nacimiento, de las improntas materna, paterna, familiar y social). La prueba genera el impacto necesario a la instauración del Ser, A TRAVÉS DE UNA CRISIS. Pero se tiene que atravesar y asimilar de forma constructiva. Es un punto delicado, porque requiere tener la capacidad de reconocer (hacer consciente), asimilar y transmutar en primer lugar nuestro mundo emocional. Tenemos allí dos grandes dificultades, en primer lugar el mundo emocional es una dimensión subjetiva (plano de las aguas inferiores), y, siendo inconsciente, requiere de un espejo, a través de una figura externa, la figura del sanador, del chamán, del terapeuta. Este proceso existe en todas las tradiciones, los toltecas y mayas lo llaman recapitulación, los cristianos primitivos catarsis,  los gnósticos purificación, etc …..

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En segundo lugar, nuestra sociedad tiene una relación muy conflictiva con el mundo de las emociones. Se suele basar en su negación y represión, ocasionando multitud de disturbios, disfunciones y somatizaciones. Su consecuencia: la creación de un mundo dividido y enfermo. Se multiplica así la dificultad para desentrañar la enorme maraña que nos separa completamente de la realidad y nos mantiene entretenido en un mundo cada vez más virtual, complejo, sofisticado, cruel e insensible.

LA CRISIS COMO PROCESO DE CAMBIO:

La vida nos trae su lote de pruebas y crisis existenciales, puentes hacia el cambio, deseado o no. La crisis suele ser el síntoma de una necesidad oculta que explota a veces con estruendo y mucho dolor. Separación, muerte, pérdida (de trabajo, de relación) son golpes que desestabilizan nuestro modo de vida, nuestra rutina, nuestras creencias. La vida es cambio, y lo puede imponer con fuerza. Es importante tener “flexibilidad caracterial” para acompañar los cambios cuando se presentan, y no quedarse atascado por falta de recursos.

En mi propio camino de desarrollo viví un proceso de 4 búsquedas de Visión, un trabajo imponente y difícil.

El primer año: después de una ceremonia de planta sagrada de toda una noche y al día siguiente de un suave temazcal, empezamos un retiro que durará 4 días y noches, en un espacio delimitado en el monte de unos 15 m2. Sin comer, sin beber, sin hablar, en completa soledad, sin salir del espacio mencionado, a la intemperie, haga el tiempo que haga. Como única compañía, una manta y un pequeño altar con los propios objetos de poder.

2º año: lo mismo, pero quedándose 3 días más. Al 4º día, nos subían té de peyote y 4 frutas y nos dejaban seguir hasta cumplirse 7 días.

3º año: los 7 días anteriores y 2 días más. Al 7º día nos subían un litro y medio de agua y 3 frutas y nos dejaban hasta cumplirse 9 días.

Y al 4º año, un total de 13 días de retiro: al 9º día, un poco de alimentos, otra botella de agua y nos dejaban hasta acabar 13 días.

Un tiempo intenso, con experiencias profundas y removedoras. El retiro siempre ha favorecido el encuentro espiritual (salgo del mundo externo para entrar en mi mundo interno en una búsqueda de trascendencia). La soledad enfrenta, puede llevar al propio infierno y a los mismos cielos. Cuando uno se siente listo y da el paso, es una experiencia que resultará inolvidable.

La propuesta del retiro espiritual consiste en experimentar la soledad un día entero (24 horas), en un lugar escogido en la naturaleza. Se compone de un trabajo preparatorio, de un máximo de 4 sesiones, para aclarar el propósito del retiro, las dudas, temores y sentimientos que pueden acompañar la experiencia. Y un máximo de 4 sesiones integrativas, para asimilar e integrar la experiencia, los sentimientos, recuerdos, vivencias y todo lo que desde allí pueda relacionarse.

Ese trabajo de CONSCIENCIA es el que permite realmente crecer y sacarle su máximo partido a experiencias de este tipo (esto vale también para las tomas de plantas sagradas, que son procesos profundos e intensos), que, por sus características (privación absoluto de estímulos externos, y ayuno completo), resulta evidentemente removedora.

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