LA SOMBRA Y EL INCONSCIENTE

La sombra es un concepto acunado por Carl Gustav Jung, el padre de la teoría de los arquetipos y del inconsciente colectivo.

Opuesta a la luz y a la consciencia, la sombra representa la suma de lo que actúa, desde nuestro interior, de forma inconsciente. Lo negado y oculto. Nuestros aspectos negativos, el juicio, la ofensa, el orgullo, la codicia, etc… proveniente de nuestras frustraciones históricas, de nuestra “falta de contacto” (por contacto me refiero a presencia afectiva y amorosa, la primera siendo materna. Un contacto afectivo de calidad es imprescindible para un desarrollo madurativo sano. Su falta desencadena insatisfacción, rabia, frustración y tristeza).

Proviene también de fuentes transgeneracionales, el espíritu familiar. Lo que tendremos que enfrentar y superar en el camino de crecimiento, puesto que son aspectos que desde luego forman una dinámica contraria al camino expansivo espiritual.

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Según la gnosis cátara, esta ambivalencia y dualidad (entre luz y sombra) se deben al “remodelado de adaptación”, un proceso según el cual el alma, antes de su encarnación, se ve sometida a una mezcla de principios opuestos. Su parte Divina, pura y eterna, se ve quebrantada y usurpada.

La sombra o ego tiene sus mecanismos, represión, ocultamiento, especulación, manipulación, engaño… A lo largo de la terapia pierde fuerza, la consciencia (y el tomar consciencia de), siendo el remedio a la enfermedad.

Los trabajos espirituales han de tener en cuenta su realidad y tratarla. La práctica espiritual es un potenciador, da luz, fuerza, pero también potencia al ego, el ser vetusto, y éste ha de ser reconocido, sin lo cual toma poder. Por lo tanto, es importante dedicar un tiempo para tratar la sombra. Su descodificación permite su liberación y la recuperación de la capacidad de amar.

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